Opinión: Antes de leer a Nietzsche

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Un libro es inútil, y el otro quizás… no lo sea tanto. Se han escrito libros, dado conferencias y realizado cursos sobre la utilidad o inutilidad de la filosofía, es decir, la importancia de ella misma. Cuando conocí a Borges creí que este era un filósofo, cuando Borges Leyó a Schopenhauer pensó que era un poeta,  así le sucedió a Savater con Cioran, a Pizarnik con Holderling quien vio en el la mayor revelación filosófica del siglo, y cuando yo leí a Nietzsche también lo pensé como un poeta -cabe decir que existe todo un gremio que ve tan solo a Nietzsche como un poeta-, e igual me sucedió con Pascal, Wittgenstein, Seneca, Ciceron, Dogen, Camus y otros -como distintos teólogos- que solo leí por placer literario,  por otro lado hay filósofos como Smith, Marx, Rousseau, Aristóteles, Saussure, que son menos etéreos, menos dados a esta confusión que abordan nuestra realidad desde un punto de vista más inmediato, que no se discuten si hacen filosofía o literatura, sino, si lo suyo es filosofía, política, economía o lingüística, y aunque esto no los hace más filósofos -ya que a la final no importa quién sea más filosofo o que sea o no sea la filosofía-, pero si los hace ser más útiles, porque hay que estar atentos al mundo y sus cosas, no perdernos en las torres de marfil, como Heidegger que hablaba del ser y del tiempo en plena segunda guerra mundial, o como aquellos que discutían en una mezquita el sexo de los ángeles mientras invadían Constantinopla, y es que así, es la vida del joven, quien antes de leer a Nietzsche, le recomiendo: estar documentado en el asunto de las drogas, y el sexo, en el cuidado de su higiene y su imagen, por favor… no intentar emular al pordiosero de Diógenes, y por favor, no está de más también aprender a ligar, que la chica que te gusta no se la lleve otro.

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El Judio Errante

El Judío Errante

Judio Errante

Judio Errante

La parusía, tal es el nombre con que se le conoce a la segunda venida de Cristo, suceso —siempre próximo— que esperan ansiosamente no solo los cristianos sino a la par alguien que maldito por Cristo vaga en peregrinación por todo el orbe, desde hace más de dos mil años, y a quien la leyenda le conoce como “El Judío Errante“.

Algunos han escrito que la leyenda antisemita de este hombre es una mera metáfora de la diáspora judía, sin embargo la ficción —más popular y a mi parecer con mayor valor literario—  nos habla de un guardia llamado Catafito quien al ver salir a Cristo del pretorio de Poncio Pilatos lo saco a empujones para que así este apurase su paso, a lo cual el Mesías, volviendo el rostro, respondió: “El Hijo del Hombre se va, pero tú esperarás a que vuelva“, desde ese momento Catafito quedo maldito con la inmortalidad.

Se conoce poco o nada de su vida pasada antes del hecho, pero existe un antiquísimo relato —que la historia ha deformado— donde se nos narra parte de lo que sucedió después. Catafito quien no creía que Jesús era el Mesías, vivió y envejeció con las mismas tranquilidades e inquietudes con que envejecía cualquier hombre de la época, hasta percatarse de ser el único que quedaba de ella —su época— su esposa había muerto, sus amigos habían muerto, sus hijos habían muerto, y ahora lo cuidaban sus nietos,  a quienes su vejez y una especie de enfermedad —desconocida— en la piel les causaba repulsión.

Avergonzado por la insana peste de sus llagas, Catafito abandono a sus nietos y conciudanos, para irse a refugiar en una cueva, donde el día antes de la centuria de sus años, imploro —con delirio— la muerte al Señor. El intenso malestar físico, hizo de aquella noche, la peor de sus noches, hasta que alcanzada la medianoche todo el dolor ceso, y cerrando al sueño sus parpados creyó morir en aquel instante, sin embargo el horror le sobrevino al despertar rejuvenecido, con la misma apariencia que tenía al ser maldito por Cristo.

Sobre aquella enfermedad se comenta que es cíclica y puntual.

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Rafael. Velazquez L.

¿Qué nos dice la poesía?

GentequeleePoesiaLa poesía no tiene por qué decirnos algo, y el saber esto nos deja en claro la inutilidad de buscarle significado a cada verso, de cada poema que se nos cruce… muchos no nos dirán nada, y ello no disminuye su valor, ya que su superficie es la parte más extensa de ella misma, y el ejercicio del quehacer poético, no es más que la búsqueda de una estética en el lenguaje. Aunque un poema cuyo contenido nos haga reflexionar o nos conmueva, hace también de este parte de su estética.

¿Qué es la poesía?

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No digáis que de asuntos falta enmudeció la lira… blablablabla.

¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?

Poesía… eres tú.

No, ella no es poesía, ni usted ni yo somos poesía, olvídate de Bécquer, de corazones batallando, y de una humanidad que no sabe a dónde camina. Acúsenme de anti-romántico, pero ella no está en dos miradas que se cruzan, ni está en Kachaturian, ni en Picasso. La naturaleza de la poesía, solo reside en la palabra, siendo la literatura -sin chamullos, sin misticismos, y sin florituras que confundan- el arte de la palabra, y la poesía es el género literario donde priva la forma sobre el contenido, en tanto que el elemento de mayor valor en cualquiera de las formas del arte, es la estética.