El Judio Errante

El Judío Errante

Judio Errante

Judio Errante

La parusía, tal es el nombre con que se le conoce a la segunda venida de Cristo, suceso —siempre próximo— que esperan ansiosamente no solo los cristianos sino a la par alguien que maldito por Cristo vaga en peregrinación por todo el orbe, desde hace más de dos mil años, y a quien la leyenda le conoce como “El Judío Errante“.

Algunos han escrito que la leyenda antisemita de este hombre es una mera metáfora de la diáspora judía, sin embargo la ficción —más popular y a mi parecer con mayor valor literario—  nos habla de un guardia llamado Catafito quien al ver salir a Cristo del pretorio de Poncio Pilatos lo saco a empujones para que así este apurase su paso, a lo cual el Mesías, volviendo el rostro, respondió: “El Hijo del Hombre se va, pero tú esperarás a que vuelva“, desde ese momento Catafito quedo maldito con la inmortalidad.

Se conoce poco o nada de su vida pasada antes del hecho, pero existe un antiquísimo relato —que la historia ha deformado— donde se nos narra parte de lo que sucedió después. Catafito quien no creía que Jesús era el Mesías, vivió y envejeció con las mismas tranquilidades e inquietudes con que envejecía cualquier hombre de la época, hasta percatarse de ser el único que quedaba de ella —su época— su esposa había muerto, sus amigos habían muerto, sus hijos habían muerto, y ahora lo cuidaban sus nietos,  a quienes su vejez y una especie de enfermedad —desconocida— en la piel les causaba repulsión.

Avergonzado por la insana peste de sus llagas, Catafito abandono a sus nietos y conciudanos, para irse a refugiar en una cueva, donde el día antes de la centuria de sus años, imploro —con delirio— la muerte al Señor. El intenso malestar físico, hizo de aquella noche, la peor de sus noches, hasta que alcanzada la medianoche todo el dolor ceso, y cerrando al sueño sus parpados creyó morir en aquel instante, sin embargo el horror le sobrevino al despertar rejuvenecido, con la misma apariencia que tenía al ser maldito por Cristo.

Sobre aquella enfermedad se comenta que es cíclica y puntual.

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Rafael. Velazquez L.

Persifal y Wagner

0,,5634288_4,00La mítica -y dudosa- mañana de un Viernes Santo de 1857, el compositor alemán Richard Wagner siente en el aire el germen de la ópera “Parsifal” la historia del caballero iluminado por la compasión, drama sacro que tardaría 25 años -por abandono- en completar.

Para la elaboración del libreto musical Wagner no se basaría en la historia “Perceval ou le Conte du Graal” (primera historia en mencionar al caballero y al grial, escrita por el francés Chrétien de Troyes) sino en la postera épica “Perzival” de quien le era más cercano, el bávaro Wolfram von Eschenbach donde Persifal no se enamora, no folla ni conoce a su amada Blancaflor -porque no meter la polla te hace más santo- cuestión que descarga la caballeresca de Troyes de su romanticismo y nos sumerge -o abandona- de principio a fin en aspectos religiosos como la búsqueda de la redención personal, la compasión por las heridas de Amfortas, el lamento de Kundril, el cuenco y la lavada de los pies, el tema de la eucaristía, el de la fe y la elevación espiritual -siendo prefigurado este por Franz Liszt en la cantata de la catedral de Estrasburgo- cuyo tratado musical de Wagner -conmovería mi corazón y- sacaría de quicio a Nietzsche, marcando un final a la desgastada amistad entre el filósofo y el compositor.

Rafael Velazquez