Persifal y Wagner

0,,5634288_4,00La mítica -y dudosa- mañana de un Viernes Santo de 1857, el compositor alemán Richard Wagner siente en el aire el germen de la ópera “Parsifal” la historia del caballero iluminado por la compasión, drama sacro que tardaría 25 años -por abandono- en completar.

Para la elaboración del libreto musical Wagner no se basaría en la historia “Perceval ou le Conte du Graal” (primera historia en mencionar al caballero y al grial, escrita por el francés Chrétien de Troyes) sino en la postera épica “Perzival” de quien le era más cercano, el bávaro Wolfram von Eschenbach donde Persifal no se enamora, no folla ni conoce a su amada Blancaflor -porque no meter la polla te hace más santo- cuestión que descarga la caballeresca de Troyes de su romanticismo y nos sumerge -o abandona- de principio a fin en aspectos religiosos como la búsqueda de la redención personal, la compasión por las heridas de Amfortas, el lamento de Kundril, el cuenco y la lavada de los pies, el tema de la eucaristía, el de la fe y la elevación espiritual -siendo prefigurado este por Franz Liszt en la cantata de la catedral de Estrasburgo- cuyo tratado musical de Wagner -conmovería mi corazón y- sacaría de quicio a Nietzsche, marcando un final a la desgastada amistad entre el filósofo y el compositor.

Rafael Velazquez

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